21/08/2025
Robert “3D” Del Naja y Grant "Daddy G" Marshall
A principios de los noventa apareció en Bristol, Inglaterra, un género luego denominado “trip hop”. Es tan difícil describirlo como escapar de él una vez que se entra en contacto con su sonido, en donde confluyen diferentes corrientes de la música electrónica (ambient, acid house, drum & bass), la afroamericana (soul, jazz, reggae, hip hop), orquestaciones, producción psicodélica y el sampleo -tomar y recontextualizar trozos de creaciones previas- como herramienta compositiva. Un espectro enorme. Rápidamente lo que era una escena local se expandió al resto del éter musical, haciéndose lugar en las propuestas de los artistas más despiertos del mainstream y musicalizando películas y publicidades. Era algo nuevo.
Mi puerta de entrada al trip hop fue Portishead. También oriundos de Bristol, su disco Dummy (1994) inició una expansión en mi forma de escuchar música. Canciones cinematografiquísimas, penumbrosas pero juguetonas, con un aura muy especial.
Tres años antes, Massive Attack -previamente un colectivo de DJs- lanzó Blue Lines, considerada la primera síntesis del combo atmosférico-bailable que se venía gestando en esa zona particularmente multicultural del Reino Unido. Su primer tema, “Safe From Harm”, expone varios de los ingredientes disponibles para el grupo en ese entonces: una línea de bajo constante, un beat polvoriento, colchones de sintetizador, scratches. La voz cantante de Shara Nelson, colaboradora presente en varios momentos del álbum. Otra voz, la de Robert “3D” Del Naja y su suave pero incisiva forma de rapear. Pasajes instrumentales, la interrupción de algunos elementos ya presentados para volver a introducirlos con renovado envión. Mucha, muchísima onda, y realmente un antes y un después de toda una corriente musical. Más adelante en el tracklist aparece una de las canciones más famosas de la banda, “Unfinished Sympathy”, la cual llega a la vida de quien la oye para quedarse. Me abstengo por ahora de detenerme en más canciones, por el bien de la nota.
Tres años antes, Massive Attack -previamente un colectivo de DJs- lanzó Blue Lines, considerada la primera síntesis del combo atmosférico-bailable que se venía gestando en esa zona particularmente multicultural del Reino Unido. Su primer tema, “Safe From Harm”, expone varios de los ingredientes disponibles para el grupo en ese entonces: una línea de bajo constante, un beat polvoriento, colchones de sintetizador, scratches. La voz cantante de Shara Nelson, colaboradora presente en varios momentos del álbum. Otra voz, la de Robert “3D” Del Naja y su suave pero incisiva forma de rapear. Pasajes instrumentales, la interrupción de algunos elementos ya presentados para volver a introducirlos con renovado envión. Mucha, muchísima onda, y realmente un antes y un después de toda una corriente musical. Más adelante en el tracklist aparece una de las canciones más famosas de la banda, “Unfinished Sympathy”, la cual llega a la vida de quien la oye para quedarse. Me abstengo por ahora de detenerme en más canciones, por el bien de la nota.
Blue Lines, el disco debut de Massive Attack
A pesar de llevar alrededor de 35 años en actividad, M.A no tiene más que cinco disc(az)os de estudio. Cada uno, además de una estética propia, tiene como cualidad la incorporación de distintos vocalistas. Así como la leyenda del reggae Horace Andy dice presente en todos ellos y la mencionada Nelson es la principal residente del primer LP, luego aportaron a la causa voces de peso como Tracey Thorn (Everything But the Girl) en Protection -lanzado casi a la vez que el debut de Portishead-, Elizabeth Fraser (Cocteau Twins) en Mezzanine, de 1998 y Sinéad O'Connor en 100th Window -2003-. Publicado hace ya quince años, en Heligoland, el último álbum del conjunto hasta el momento, conviven Damon Albarn, Hope Sandoval (Mazzy Star), Babatunde Adebimpe (TV on the Radio) y Martina Topley-Bird. Nombres. A dicho lanzamiento le siguieron otros de menor peso y giras posteriores, pero es indudable que los integrantes del conjunto decidieron airearlo cada vez más, sin la necesidad de darlo por terminado. Es por eso que fue grande mi sorpresa cuando a fines de junio se anunció su presencia en Chile para noviembre de este año. Descartada la idea de cruzar los Andes para verlos, sólo quedaba esperar a que lo hicieran ellos. Y así será, hay parada previa en Buenos Aires.
Una cosa es enterarse de un suceso y otra muy distinta asimilarlo. Lo inesperado tiene una primera reacción, instintiva, casi exenta de análisis. Pasó una buena cantidad de días desde el anuncio del festival Music Wins (que también trae a Primal Scream, otro grupo que renovó a la música británica en los tempranos 90's) y es recién ahora que creo poder expresar con coherencia el entusiasmo que me genera que nos visiten el ya mencionado Robert Del Naja -se sospecha que él es Banksy-, Grant "Daddy G" Marshall y el resto de su maquinaria sonora.
Mezzanine, opus magnum total
Es inmensa la alegría de que vengan. Massive Attack es uno de los principales exponentes de una manera no tan habitual de encarar la labor musical. Su vínculo con las texturas del sonido, el tiempo que le dan a cada idea para que se desarrolle, la forma en que juegan con la expectativa del oyente. Logran ser tremendamente cool sin forzarlo, es un premio más que una búsqueda. Sus canciones son delirios muy inteligentes e irresistibles.
Si bien -insisto- cada etapa suya es genial en su ley, quizás sea Mezzanine el proyecto en el que más se expresa lo que describo. No sé si hay otro disco que suene así. Cualquier descripción que atine a dar no le va a hacer justicia. En el ocaso del siglo pasado fueron varios los álbumes donde pareciera haberse exprimido al máximo el jugo de las posibilidades sonoras (Homogenic, Bocanada, Ok Computer, Ray of Light) y que, sin embargo, tendrán que competir por el segundo lugar. Un conjunto de temas monolítico, pero en el que cada pieza existe con independencia del resto. Conviven en ellas ambientes completamente asépticos y momentos donde pareciera que estamos sumergidos en lo más profundo de un camión de basura. Hay una tensión sorprendentemente atractiva que ronda de principio a fin, a veces sugerida y otras veces plasmada. Un testamento de las posibilidades sensoriales que tiene la música. Reitero entonces: ¡en unos meses vienen!
Entusiasmarse tiene su peligro, puede rápidamente derivar en la construcción de una expectativa. Cometí ese error de cara a otros eventos muy esperados y me fui de ellos sin sentirme del todo recompensado. En este caso, creo que cualquiera que asista al recital de esta gente va a estar satisfecho con el simple hecho de que eso esté ocurriendo. Por lo improbable de su visita, por el tipo de conexión que el grupo británico genera con su música y por su desentendimiento de la presencia escénica, la cual recae en el cargado acompañamiento visual de sus recitales -énfasis ya visible en los videos de sus canciones-. Su visita es una gran zanahoria para, hasta entonces, escuchar su extenso catálogo hasta el cansancio. También cada remix, cada EP y singles que no mencioné son de una calidad apabullante. Massive Attack, al igual que el género que promovió, te agarra y no te suelta. Pero vaya secuestro, y qué lindo saber que tenemos cita con los secuestradores.
Si bien -insisto- cada etapa suya es genial en su ley, quizás sea Mezzanine el proyecto en el que más se expresa lo que describo. No sé si hay otro disco que suene así. Cualquier descripción que atine a dar no le va a hacer justicia. En el ocaso del siglo pasado fueron varios los álbumes donde pareciera haberse exprimido al máximo el jugo de las posibilidades sonoras (Homogenic, Bocanada, Ok Computer, Ray of Light) y que, sin embargo, tendrán que competir por el segundo lugar. Un conjunto de temas monolítico, pero en el que cada pieza existe con independencia del resto. Conviven en ellas ambientes completamente asépticos y momentos donde pareciera que estamos sumergidos en lo más profundo de un camión de basura. Hay una tensión sorprendentemente atractiva que ronda de principio a fin, a veces sugerida y otras veces plasmada. Un testamento de las posibilidades sensoriales que tiene la música. Reitero entonces: ¡en unos meses vienen!
Entusiasmarse tiene su peligro, puede rápidamente derivar en la construcción de una expectativa. Cometí ese error de cara a otros eventos muy esperados y me fui de ellos sin sentirme del todo recompensado. En este caso, creo que cualquiera que asista al recital de esta gente va a estar satisfecho con el simple hecho de que eso esté ocurriendo. Por lo improbable de su visita, por el tipo de conexión que el grupo británico genera con su música y por su desentendimiento de la presencia escénica, la cual recae en el cargado acompañamiento visual de sus recitales -énfasis ya visible en los videos de sus canciones-. Su visita es una gran zanahoria para, hasta entonces, escuchar su extenso catálogo hasta el cansancio. También cada remix, cada EP y singles que no mencioné son de una calidad apabullante. Massive Attack, al igual que el género que promovió, te agarra y no te suelta. Pero vaya secuestro, y qué lindo saber que tenemos cita con los secuestradores.
Emilio Catalán
M.A en vivo