6/7/2026
Breve comentario de la autora
Esta nota lleva rondando por mi cerebro mucho tiempo y, por motivos ajenos a la producción (la producción soy yo y los motivos son una pereza abrumadora), nunca me senté a escribirla. Me pone un poco triste que el motivo que me impulsó a por fin a sentarme a escribir haya sido la muerte de uno de quienes inspiraron la nota en sí. Así que esto es un poco en honor al Indio, aunque no hable únicamente de él, pero sobre todo es en honor a la banda que acompañó cada uno de los momentos de mi vida desde que tengo memoria. 
Muchas gracias, Patricio Rey, eternos.
Los Redondos, como popularmente se conoce a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, nacieron en la ciudad de La Plata en  1976 y pasaron a convertirse en uno de los fenómenos más enigmáticos y celebrados del rock argentino. La influencia de la banda en el repertorio de “lo popular” argentino es indiscutible y se puede observar no solo en el ámbito  musical, sino también desde lo visual y lo simbólico de su producción artística. 
Los Redondos no fueron únicamente lo hecho a partir del 76, hay  un contexto histórico anterior que hace a la formación de la banda, a su mundo sonoro y visual. Son el punto cúlmine de un momento particular gestado en los 60 en La Plata, hijos  de un particular contexto sociopolítico, nacional e internacional. Al atravesar diversas épocas del país, lograron crear una comunidad y una huella artística que quedará para siempre.

El antes
 La Plata a finales de los sesenta era un espacio utópico para la creación artística. Con el derrocamiento de Illia, la Revolución Argentina,  , la represión y la censura política, el ambiente era tenso y confrontativo. Se utilizaban los mecanismos  del estado para controlar y “combatir al comunismo”; las universidades de todo el país,  entendidas como cunas para la subversión, fueron intervenidas; y a la  vez, proyectos y equipos de investigación fueron desmantelados y numerosos docentes,  desplazados, renunciaron o debieron continuar sus actividades en el exilio (Bravo, M., Leonardi, Y. y Leoni, D., 2019, p.1). Por otro lado,  los movimientos hippies post Segunda Guerra Mundial estaban en auge en todo el mundo.  En este contexto, como respuesta al gobierno de Onganía y en relación a la Universidad de Artes de La Plata, nace uno de los antecedentes directos de Los Redondos.
Ricardo Cohen, mejor conocido como Rocambole, fue la mente maestra detrás del arte gráfico de Los Redondos. Nacido un 12 de mayo de 1943, demostró su vocación artística desde una edad temprana. Estudió serigrafía y aerografía en la Universidad Nacional de La Plata. En 1967, exponía por primera vez en Buenos Aires, en la célebre galería Van Riel, mientras que, simultáneamente en La Plata, lideraba una protesta radical: la deserción colectiva de la Escuela de Bellas Artes, debido a la gran presión y censura que estas sufrían por parte del onganiato. Fue un momento muy importante para la historia de la ciudad: mientras que el estado reprimía a los jóvenes, ellos decidían independizarse de las instituciones clásicas. A raíz de ese suceso, junto a otros artistas crearon una “escuela paralela”, La cofradía de la Flor Solar,  una comunidad vanguardista y banda de rock que marcó la historia del arte de nuestro país. Durante todo ese tiempo, Cohen fue el encargado de diseñar la imagen y la identidad visual de la Cofradía, sentando las bases de lo que más tarde sería su obra con Los Redondos.
La Cofradía de la Flor Solar supo ser un proyecto que se fue moldeando con el tiempo hasta convertirse en una comunidad que no se limitó únicamente a difundir un nuevo lenguaje artístico, sino que puso en práctica una forma de vivir y de producir alternativa, colectiva y comunitaria, donde el arte era el hilo que tejía la vida cotidiana. La Cofradía fue, en esencia, un primer acto de construcción de un mundo alternativo frente a la realidad impuesta, una comunidad generada por la necesidad de resistir. Otro integrante destacado del grupo fue un joven Eduardo “Skay” Beilinson, guitarrista invitado que, aunque no fuera un miembro estable durante toda la primera etapa, participó activamente en las grabaciones y presentaciones. Aquí se inicia la relación con Rocambole, con quien generan una unión artística que se verá en todo su esplendor en las visuales de Los Redondos.
El fin del proyecto llegó en 1972: el desgaste comunal debido a la persecución política e ideológica causó el cese de las actividades. La muerte de la utopía sesentista coincidió con el ascenso de la violencia política que culminaría con el golpe de Estado de 1976, instaurando la dictadura cívico-militar más sangrienta de la historia argentina. En ese año un nuevo proyecto comenzó a gestarse, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.
A partir del 24 de marzo de 1976, el  régimen autodenominado "Proceso de Reorganización Nacional", no solo ejerció el terror a través de la persecución, la tortura y la desaparición forzada de personas, sino que también implementó una feroz política de control y censura sobre el campo cultural. Se generó un “apagón cultural” en el que se censuraba toda expresión que se considerara subversiva y peligrosa para las ideas del régimen. Pero, aunque la represión fue generalizada, algunos espacios considerados "marginales" por el gobierno dictatorial, como el teatro independiente, la historieta o el rock, fueron menos vigilados. Esto permitió que, con el tiempo, surgieran expresiones de resistencia cultural que, de forma velada, criticaban al sistema. 
Es en ese contexto que se da el nacimiento de Los Redondos, es esta posición de marginalidad y contracultura lo que da forma a toda la expresión artística de la banda.
La resistencia, la política y el misterio como ejes centrales del universo ricotero.
Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota no fueron simplemente una banda de rock. Fueron un artefacto cultural total, un universo paralelo dentro de un contexto trágico que se sostenía sobre tres pilares fundamentales: la resistencia, la política y el misterio. Estos tres ejes, que se entrelazan y retroalimentan, construyeron un fenómeno que trascendió la música para convertirse en un mito fundacional del rock argentino. Nacieron de una resistencia que ya existía, pero que necesitaba nuevos referentes.
Está lucha se batió en dos frentes: por un lado, la resistencia a la censura que tuvo el poder de convocar un gran comunidad que los siguiera; en segundo lugar, una resistencia a formar parte de la industria musical. Los Redondos fue una banda que se mantuvo independiente en su creación y producción desde el principio hasta el final; su circuito de difusión era el boca a boca, los fanzines, el rumor. La gente comentaba sobre los recitales el mismo día que se tocaba, y es ese tipo de difusión lo que les permitió a su vez permanecer activos bajo un halo de  misterio. Ese aislamiento  no fue capricho, sino una decisión política: la banda no quería ser parte de un sistema que consideraba alienante. Esto les permitió a su vez una independencia artística mayor que la que hubiesen conservado en caso de “alinearse”, motivo por el cual pudieron sostener su universo visual, sonoro, poético y performático. 
A su vez esta resistencia (y) política  produce el carácter enigmático  que rodea al grupo. Como mencionamos antes, en el contexto histórico de su nacimiento, el sigilo surge primero como una forma de protección. No podían dar la cara y no podían exponerse debido al temor al régimen dictatorial que se mantenía en el poder. Y, con el tiempo, el silencio se convirtió en un sello, no daban entrevistas, no se dejaban fotografiar, no explicaban sus letras, el misterio como herramienta de comunicación se volvió central tanto en su modo de presentarse como en su universo artístico. 
Un ejemplo puntual de ese misterio artístico es la figura de “Patricio Rey”, personaje que anecdóticamente gran parte del público confundía con el cantante del grupo, el Indio Solari. Pero Patricio Rey no existe: el personaje, presentado como el benefactor o mentor de la banda, era una invención deliberada. El propio Indio Solari confesó que Patricio Rey "no existe; Patricio Rey son todos". Ese juego entre realidad y ficción, entre lo que se sabía y lo que se intuía, alimentó la leyenda. Ya desde el mismo nombre de la banda la información estaba velada y con un significado confuso, ¿qué podríamos esperar entonces de las letras?
El universo visual también se maneja en esta línea del misterio, la política y la resistencia. Lo podemos observar en el arte de tapa de la portada más famosa del grupo, que se volvió un icono popular, tatuada, pintada en banderas, remeras y multiplicada hasta el cansancio. Estamos hablando de la tapa del segundo álbum del grupo, Oktubre (1986) y su mítico personaje rompiendo las cadenas y el grupo de personas en referencia a la obra de Berni. Oktubre no fue un disco cualquiera, sino una obra conceptual dedicada a la revolución. La idea unificadora que guió tanto la música como la lírica y las artes visuales, era recordar y homenajear los procesos revolucionarios y las luchas populares. El disco fue el punto de inflexión que definió la iconografía del grupo. Rocambole ideó una estética que cruzaba la tradición visual de la Revolución Rusa de 1917 con los trabajos de Antonio Berni en Manifestación (1934), creando un lenguaje visual que se volvería inseparable del fenómeno ricotero.
 El guiño a la historia del arte nos expone el repertorio iconográfico que el artista manejaba, repertorio que también notamos en la portada del disco “¡Bang! ¡Bang! Estás liquidado” (1989) en la que vemos el cuadro “Los fusilamientos del 3 de mayo de 1808” de Goya, pero en la versión de Rocambole, los soldados que fusilan al pueblo ya no son militares franceses, sino personal de la Cruz Roja, haciendo un guiño al contexto del país. 
Los medios de comunicación jugaron un rol clave en la construcción de la imagen mística de la banda. Ya en 1985, cuando Los Redondos apenas habían editado su primer disco, la revista Rock and Pop los describía como una "leyenda viva". Y a esto se sumaba la negativa por parte de los integrantes a dar entrevistas, negativa que se mantuvo a lo largo de los años.
A su vez, el universo performático de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota fue, ante todo, la construcción de un ritual colectivo que transformaba cada recital en una experiencia que trascendía lo musical. Los Redondos fueron una banda performática desde el inicio. Sumaban shows en sus presentaciones y los mismos integrantes mantenían escénica de performers cada vez que se subían al escenario. Uno de los elementos performáticos más característicos fue el pogo, especialmente durante el himno "Ji ji ji",  catalogado como el pogo más grande del mundo. En el pogo se crea comunidad, se disuelven las jerarquías y los cuerpos se funden en un mismo movimiento, donde el sudor, el empuje, la fuerza y la entrega colectiva se convierten en el lenguaje de una pertenencia que no necesita palabras. Esa masa anónima que salta al unísono no es solo un público, es la expresión carnal de un ritual que, noche tras noche, reafirma que la banda y su gente son una misma cosa.
La "misa ricotera", como el mundo ricotero bautizó a los recitales de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, no tiene un acta de nacimiento precisa. Nació como nacen los mitos, como nacen los rituales, de a poco, en la oscuridad de los pubs y los teatros de La Plata de fines de los setenta y principios de los ochenta, cuando una banda empezaba a formar no solamente un grupo de fanáticos, sino una comunidad entera que los acompañaría a todos lados, como si de dioses se tratara. El término "misa" para describir ese ritual no fue un accidente. La palabra hace referencia a una comunión colectiva, de parodia festiva y respetuosa del rito religioso, la misa es ese momento en el que la comunidad se une para un mismo fin, un mismo ritual. Los ricoteros tomaron ese concepto y lo trasladaron al rock para hacerlo propio. Los días previos al show, las multitudes llegaban a acampar en las ciudades anfitrionas y la misa no empezaba cuando el Indio pisaba el escenario, comenzaba mucho antes.
Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota no fueron un fenómeno aislado ni un fogonazo de genialidad surgido de la nada. Fueron, ante todo, la culminación de un proceso artístico, político y contracultural que venía gestándose desde hace al menos una década  en las entrañas de La Plata, el faro de una comunidad que ya existia. Comprender a Los Redondos exige mirar hacia atrás, hacia ese semillero de utopías que fue la Cofradía de la Flor Solar, hacia esa idea de educación paralela que nació como respuesta a la represión y la censura, hacia esa comunidad que ensayó, en carne viva, un modo alternativo de vivir y producir. Allí estaba aquel puñado de jóvenes artistas que, sin saberlo, estaban construyendo los cimientos de un universo que años después explotaría en las masas. Los Redondos supieron sintetizar y llevar a su máxima expresión el espíritu de resistencia que atravesó a aquella generación y a todas las que vinieron después.

Alfonsina Almiron

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